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| El Susurro de los Aldar Autor: aratir |
| (Historia basada en Rómenor, la Cuarta Guerra de los Clanes de EAU)
“1Bienhadado seamos el pueblo de los aldalântar*, también conocido como el pueblo que venera a Nensir, 2Cuya cultura y sabiduría, enseñanzas y tradiciones quedan contempladas en este libro por los tiempos de los tiempos. 3Sabios fueron nuestros antepasados que, mediante los papiros que conocemos como el Edelparmâ 4Y la tradición oral transmitida entre nôri*, nos permiten hoy recoger todo el saber de nuestro pueblo 5Y todo el amor que le procesamos a nuestro bien amado Nensir, el Purificador, el Protector de la Vida, el Espíritu de la Naturaleza, señor de las aguas y los aldar, de las cataratas 6Y a Yenna*, la madre-tierra, señora de los bosques y de la tierra y de todos los seres vivos que habitan en la tierra y en el lago, en los árboles y los ríos, en los arroyos, en las montañas y en el aire. 7Pueblo de los aldalântar, los Nensir Airatâri, leed hoy y amad, aprended y conservad el dogma de nuestro clan, 8Que en el tiempo de la desdicha, de la noche eterna, sea nuestro más reconfortante consuelo”
[Entendimiento (Hanya) versículos 1-8]
AYANPARMÂ [Colección de Libros Sagrados de los Nensir Airatâri, Emmârdin, año 1420 SE] [Textos recopilados por el primer balta* en Galador, Emmârdin, realizados a partir de los papiros del Eldelparmâ, el antiguo libro, y de la tradición oral del pueblo]
Los elfos que no rehusaron hacer el camino del oeste, los que quisieron quedarse en los esplendorosos bosques de Cuivienén y en las orillas del lago admirando el agua en todas sus formas fueron llamados los avari (o abarî). Durante un tiempo vivieron allí aún cuando habían pasado largos años desde la marcha de sus hermanos, los eldar.
“7Despertamos en las primeras horas del mundo. 8Y fueron las estrellas y la luz lo primero que vimos en aquel despertar 9Y la orilla de Kiviênên fue nuestro primer hogar. 10Nuestros hermanos nos abandonaron, en busca de otra luz. 11Los renuentes nos llamaron, los abarî, pero tanto amábamos el agua del lago que allí decidimos quedarnos”
[Cuivienén (Kiviênên) versículos 7-11]
Los árboles iluminaban en aquellos tiempos el cielo de Arda con su luz incandescente. Pero acaeció que la luz se apagó, el mundo se sumergió en tinieblas y, durante algún tiempo, las gentes de las distintas tribus de avari miraron al cielo, atemorizados. Muchos pronunciaron entonces palabras de infortunio y desazón, y algunos hablaron de un viaje para encontrar la luz. Otros lamentaron no haber seguido a sus hermanos, que los hacían ahora al amparo de los Valar. Pero los hubo que creyeron que la luz del cielo debía existir en alguna otra parte del mundo.
“1Antes...
...la luz había sido puesta a merced y gracia de todos.
2La sombra aplastó entonces toda buenaventura.
9Entonces el rey viento y la reina noche esparcieron su polen por la tierra.
10El firmamento quedó sembrado y en él florecieron el día y la noche.
11Aquellos días tuvieron su reflejo también en la superficie de nuestro mundo.
12Gran caos reinó y nuestros pueblos estuvieron confundidos. 13El sembradío fue comprendido por muy pocos, aquellos que sí lo hicimos habríamos de ser benditos con dones.”
[Caída de los Árboles (Aldalante) versículos 1-2, 9-13]
Un grupo de estas tribus avari se reunieron entonces y decidieron emprender un viaje. Corría el rumor de una tierra prometida, donde la luz iluminaba el cielo. Y señalaron el este, más allá del gran océano. Huyeron de la sombra y cruzaron el océano, y el viaje les condujo al continente de Rómenor. Y para referirse a sí mismos usaron la palabra Kinn-lântar, gente élfica (derivado del antiguo Kinn-lai -de quendi-lie- que pasó a Kinn-lânta durante la travesía por el gran océano).
“13Nosotros, entre muchos, indicamos la luz que surge de la naturaleza y la luz que en la naturaleza refractamos nosotros. 14Con él nos encomendamos a dejar la laguna, a dejar la tierra y seguir los caminos del crecimiento de la vida. 15Os mostraremos cuanto devuelven los otros seres de la naturaleza cuando nos mostramos reverentes ante ellos. 16Aquí brotamos, ascenderemos hacia el gran océano que está al este, en busca de más luz.”
[Nomênin (Nomênin) versículos 12-16]
[Editado por aratir el 01-02-2010 10:07] |
Escrito por aratir el 2009-05-16 20:51:00
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| I. Del encuentro con Yavanna y la fundación de Leolossë
“24Transitamos un entusiasmado camino hacia la tierra del sol. 25En el camino nacieron algunos de los más jóvenes. 26Más tarde serían reconocidos entre los más importantes. 27Estrechamos fuertes lazos en aquel recorrido. 28Y allí aprendimos mucho. 29Comprendimos la evolución de las cosas y descubrimos que nuestro andar también era una evolución, como todo en la naturaleza, nosotros también estábamos inmersos. 30Pero más que nunca sentimos que éramos los únicos que lo comprendíamos, y que el mundo que nos rodeaba era quien quería que supiéramos las cosas, las verdades. 31Entablamos tantos lazos entre nosotros como con los seres vivos y las aguas, la tierra y los vientos. 32El cielo estaba distante, y los astros, el sol y la luna, nos observaban, los reverenciamos, pero estaban lejanos, nos temían o sentían que les robábamos algún lugar que ellos poseían, pero su tierra era allá en el firmamento, nuestra parte sería cumplida aquí en este camino que se fortalecía paso a paso. 33El mar fue el alimento que necesitamos para terminar de hacernos fuertes en nuestra fe, en nuestro saber. 34Y lo cruzamos como si él hubiera venido a nosotros para nutrirnos. 35Cuando llegamos a la otra orilla, ya éramos un tallo inamovible y teníamos raíces bien arraigadas a la santa tierra. 36Y sabíamos que a partir de allí lo que restaba era elevarnos, crecer eternamente.”
[Primera Migración (Minneretsa) versículos 24-36]
Una vez en tierra firme, el viaje les debía llevar hacia el este los grandes bosques del Aldalaurë, pero algunos discutieron. Los árboles eran hermosos y varios ríos vírgenes cruzaban las espesas florestas y la imagen de aquellos paisajes, aún más bellos que los que les vieron despertar. Aquello les entretuvo en el camino, y finalmente se perdieron. Entre los árboles se fueron separando, dispersando y disgregando, y así fue como llegaron a muchos rincones de Rómenor.
De los que continuaron, su meta era el este de aquella tierra, el continuo camino hacia la parte oriental. Entonces, en el corazón del Gran Bosque, hallaron a Yavanna y su Luz iluminó los bosques oscuros, desvelando toda su belleza. Y les habló del don del Equilibrio. Y del ciclo de la vida que se halla en la naturaleza. Y ellos la escucharon, maravillados, intentando absorber toda la sabiduría que había en sus palabras. Y finalmente Yavanna dijo:
- De los Olvar y Kelvar recibiréis por mí de un Don especial. Pues seréis ahora mi pueblo. Un Espíritu habitará en vosotros, y de éste haréis un sólo ser.
Y les habló entonces del Onnar, el símbolo del Espíritu que cada uno de ellos llevaría dentro, desde entonces y hasta el final de los tiempos.
Y Yavanna le designó a Ezelmâchan para que, a partir de aquél momento, sembrara, en cada niño nacido en su seno, el Espíritu adecuado. Por ello, aquellos elfos le llamaron Earalatava, El Sembrador.
“1Cuando llegamos a la Tierra del Sol vimos nuestro alrededor. 2Crecíamos con una gran potencia, pero estábamos solos en esa altura. 3Y la confusión comenzó a hacer mella. 4Los tambores de niebla se oían del otro lado del océano. 5Fuimos guiados por amigos que hoy son héroes y conocimos la espesura de aquellas florestas: bosques y selvas, montes y riadas. 6Allí encontramos la certeza que habíamos comenzado a perder. 13Una primavera vino a nosotros, una dama luminosa y su cortejo. Yenna, la Naturaleza. 14Ante nuestros ojos estaba todo por lo que habíamos tenido fe. 15Y vimos prodigios que nunca nadie habrá visto, y glorificamos nuestros ojos por haber sido tales testigos. 16Yenna nos habló, y nos protegió, nos enseñó y nos dio sus dones. 17Éramos más que quienes creíamos ser, de otra forma tanta divinidad no podría haber sido puesta a nuestro favor. 18Ella nos dio el padrinazgo de Earaláva, y él sembró en nosotros los Onnar de la naturaleza en nuestros espíritus. 19El pasado era historia a partir de entonces. 20Construimos una civilización rica y fastuosa, y bella y poderosa. 21Honramos a los Dones, Olvar y Kelvar, y ellos nos dieron poder y alegría, y honor.
22Nuestras construcciones, nuestros ritos y nuestra idiosincrasia, eran ciertos, teníamos la Verdad en nuestras manos. El Equilibrio. 23Engrosamos nuestra estirpe, y nuevos brotes vieron la luz, y más crecimos...”
[Dones (Yavêr) versículos 1-6, 13-23]
El pueblo nurualda, entonces, había encontrado un lugar que le era propio y el deshazón dio paso a la esperanza. Fue así como se instalaron a los pies de las Montañas Blancas, donde fundaron, en el año 79 de la primera edad del sol, Leolossê. Empezaron los primeros ritos, los welmî a la vida y a la muerte, como parte de una misma expresión de la naturaleza. Y cuentan los viejos elfos que el Sembrador transitaba en aquellos tiempos los bellos claros del Aldalaurë y se le podía ver por Leolossê.
Fue en esa época también cuando los nurualda se encontraron por primera vez con los enanos de las Ondoninkwê, las Montañas Blancas. Los abarî le dieron el nombre de "stintar" y, al principio, la relación entre ambas razas fue cordial. Pero pronto estalló el conflicto debido a los yacimientos de piedra blanca de las montañas que los enanos consideraban propias y que los elfos requerían para la construcción de su ciudad. Fue así como, en el 102 de la primera edad del sol, estalló la primera guerra entre enanos y elfos por el control de las Canteras de Nink.
[Editado por aratir el 31-01-2010 23:57] |
Escrito por aratir el 2009-05-16 21:20:40
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| II. De la pérdida del Equilibrio y la escisión de los nurualda
“11Con los años el Equilibrio se perdió. 12Ni siquiera fue una cuestión de elección personal. Nuestros Onnar establecieron la diferencia. 13Y aquellos que celebrabamos la vida no entendimos la celebración de la muerte, y aquellos que celebraban la muerte se alejaron de la celebración de la vida. 14Alda, la vida, y Nuru, la muerte ya no formaron parte del Equilibrio, sino que eran dos cosas separadas. 15Pronto esta diferencia se convirtió en una selección natural que originó dos grupos divididos. 16Los que alababan la vida nos llamamos a nosotros mismos los Aldalântar. 17Los que alababan la muerte se dieron el nombre de Nurulântar. 18Y entre ambos nos dimos muchos otros nombres, muchas veces despectivos. 19Pues deseábamos diferenciarnos, pero sobre todo, deseábamos imponer la hegemonía de nuestros rituales. 20Y los días y las noches se sucedieron en el camino trazado en nuestro destino, los aldalântar y los nurulântar, elfos ritualistas viviendo en débil equilibrio 21Sabiduría y deseo de poder cohabitando en frágil armonía. 22Ambos pueblos ostentamos el poder en Leolossê y, aunque en constante resentimiento, había respeto por el bien de la comunidad. 29Surgió una alternancia de poder, de grupo a grupo, que duró varios años. 30Y junto a ella surgió también un rencor que nos fue distanciando aún más si cabe”
[Nurualda (Nurualda) versículos 12-22, 29-30]
El largo conflicto con los naugrim de las Montañas Blancas fue la semilla que habría de producir una profunda escisión entre el pueblo nurualda. Durante los casi veinte años que duró el conflicto, hubo elfos que decidieron seguir luchando y crearon las primeras armerías donde fabricaron grandes armaduras y armas que habrían de necesitar en la guerra contra los enanos. Hubo otros elfos que no quisieron luchar y que sugirieron buscar el material para construir la ciudad en otra parte, donde los enanos no supusieran un incoveniente. Aquella forma tan distinta de entender el conflicto generado fue el germen de la escisión de los nurualda, pues los onnar que los unía a la naturaleza se habían manifestado de distinta manera. Los primeros, aquellos que querían luchar, llevaban en su interior los espíritus de los animales depredadores de Rómenor. Y los segundos estaban intimamente relacionados con los espírituos de los enormes árboles del Aldalaurë.
Los nurulântar, aquellos que encabezaron los ejércitos que se enfrentaron a los enanos de las montañas, empezaron a hacer rituales por los valiente que cayeron en aquellos veinte años que duró el conflicto. Le empezaron a dar más importancia a la muerte, como un camino natural para llegar al mundo de los dioses.
Los aldalântar, aquellos que permanecieron en Leolossê, imploraron con sus rituales a Yenna (Yavanna) ayuda en aquella larga contienda, y pidieron a los espíritus de la naturaleza la protección de los bosques amenazados por los enanos. Le daban más importancia a la vida, como una expresión máxima del don dado por los dioses.
Asi fue como, durante aquellos, años la sociedad nurulânta se especializó. Los nurulântar dirigieron los ejércitos recién creados mientras que los aldalântar que permanecieron en Leolossê crearon la Asamblea y nombraron a un elfo que habría de dirigirla, el baltâ. Fein, que había sido uno de los elfos más importantes que habían dirigido al pueblo en el largo peregrinaje por mar hacia Rómenor, fue nombrado primer balta de la Asamblea, pues grande era su sabiduría y nobleza, y brillante su mirada, como el resplandor de los árboles del Aldalaurë.
"7Fueron Fein y su esposa Aralîs, Garalâs y Ninnein, Nomenin y su amada Yestaniel, 8los hermanos Raithâr y Aranarth, y también Herlkaher, y Carendîn, y Araidîn, los que hicieron las más importantes plegarias a los dioses en los primeros años en Leolossê. 9Alabaron Tintalê, la reina de las estrellas. 10Ofrendas depositaron para Eáralava, para su gracia y alegría 11Los mejores animales adiestraron por la gracia de Kelve. 12Largas noches consagraron rituales para Marphaj, el señor de la Otra Vida, en la Tierra de los Dioses. 13Pero fue a Yenna a la cual hicieron los mayores honores y les agradecieron el don de la vida y la gracia de los aldar. "
[Bondad de los Dioses (Zyesse’Ainar) versículos 7-13]
En el año 120 de la primera edad, el conflicto con los enanos acabó con la victoria de los nurualda. Tras ello, sucedió un tiempo de paz en el que la vida en Leolossê floreció como nunca. Y, aunque ya entre nurulântar y aldalântar empezaron a sucederse los recelos, seguían siendo una única nación donde el balta, Fein, gobernaba la ciudad con el beneplácito de la asamblea aldalânta.
Los nôrî, los grandes linajes élficos, eran fuertes y vigorosos, y constituían una sociedad que habría de fortalecerse. Además de los rituales previsto por el dogma del clan, cada nôrê tenían sus propios rituales personales e individuales pues eran además muy supersticiosos, lo sobrenatural influía en cada aspecto de su vida terrenal y espiritual, para ellos los espíritus estaban en todas partes: los árboles antiguos, los animales, las piedras extrañas, los lagos y los pantanos. Ninguna parte del día podía llevarse a cabo sin alguna consideración de los wermî.
No obstante, ambos clanes se fueron diferenciando cada vez más entre sí, no sólo por sus rituales, unos dedicados a la vida y otros a la muerte, sino por sus costumbres y forma de vestir. Aunque, en general, ambos clanes habían vestido con las mismas ropas ligeras, por ejemplo, pantalones y una camisa o sin ella para los hombres y las mujeres con túnicas más o menos largas ceñidas al cuerpo y un hombro al descubierto y, como calzado, sandalias atadas hasta la rodilla o sandalias más cortas, los aldalântar empezaron a vestir túnicas de seda con tonalidades verdes. Además, de que empezaron a adornar mucho su cuerpo con tatuajes y objetos de joyería: brazaletes, collares, incrustaciones de metales preciosos en las ropas, etc.
Los nurulântar, puesto que se habían especializado por las actividades guerreras, se le distinguieron por el uso de uniformes militares, con corazas musculadas, grebas y brazaletes de acero. Y, sobre todo, por el uso del color rojo.
Además, los miembros de la Asamblea de Leolossê, todos aldalântar, usaron en aquellos años torques, collares característicos de su poder y nobleza. Y fue en la Sacra Arboleda donde los aldalântar celebraban la lindornê, la reunión del consejo de Leolossê, mientras que los nurulântar iban mostrándose cada vez mas recelosos de la discriminación que el gobierno alda les producía.
Así fue como los años se sucedieron en el camino trazado en su destino. Los Aldalântar y los Nurulântar, elfos ritualistas viviendo en frágil equilibrio. Sabiduría y deseo de poder cohabitando en frágil armonía. Una armonía que se fue resquebrajando poco a poco hasta que la situación para los nurulântar fue insostenible y ocurrió la primera revolución. Los nurulântar tomaron por la fuerza el poder de la Asamblea en el año 210 de la primera edad y los aldalântar quedaron entonces marginados en Leolossê. Ya no había vuelta atrás, el Equilibrio se había roto por completo.
El fin de la primera edad del sol también llegó a la tierra de los nurualda y Leolossê fue víctima de los temblores de la tierra, eco lejano de la que estaba sucendiendo en el oeste. Los aldalântar pudieron entonces volver a tomar el poder mientras que la ciudad debía de ser nuevamente reconstruida.
Aquella alternancia de poder habría se suceder durante los primeros siglos de la segunda edad del sol, al tiempo que la enemistad y el odio entre nurulântar y aldalântar se hacía más fuerte.
[Editado por aratir el 01-02-2010 00:42] |
Escrito por aratir el 2009-05-16 21:43:39
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| “13«...Nuestras ramas más fuertes soportaron vendavales, tormentas, granizos e intensos estiajes. 14Ya dos han: los feroces, que manifiestan su ímpetu más de lo que se detienen a templarse, y los firmes, que cada día extendemos más nuestras raices de sabiduría y alimento del espíritu. 15Como en la naturaleza, unos complementamos a los otros...»
16Pero algo es complementarse y algo es entremezclarse, 17«Hay seres cuya unión sólo traerá nuevo caos», y así ocurrió. 18Porque las diferencias se hicieron más grandes y las ramas olvidaron seguir hacia la luz. 19Tathâral, hijo del balta Tuinêral de los aldalântar, e Hisiê, hija del balî Minalcar de los nurulântar, entre pasiones y traiciones, trajeron el primer otoño y el primer invierno, 20donde las hojas de los Nurualda se secaron y se separaron, allí con sus ardores prefirieron, para sobrevivir, devorar a los débiles en vez de engrandecerse nutriendose unos a otros.
[Otoño de los Nurualda (Yáviê’Nurualda) versículos 13-20, 31-32]
Durante el año 1358 de la segundad edad nació Tathâral Âryon, el heredero del sauce, primogénito de Tuinêral, el entonces balta de los aldalântar y durante mucho tiempo fue considerado un elfo fuerte, noble y capaz. Había pasado con éxito su aldatenwê (su prueba de iniciación) y había ganado reputación como un aprendiz y luego como un maestro digno de su pueblo.
Pero en aquel entonces eran los nurulântar los que ostentaban el poder militar de Leolossê y, de ellos, su balî, Minalcar, era quién gobernaba la ciudad.
Ahora bien, la separación entre ambos pueblos, los que veneraban la vida y los que veneraban a la muerte, ya hacía tiempo que había ocurrido y la tensión se palpaba en los ancestrales bosques. Los árboles y los animales eran testigos de que el equilibrio se resquebrajaba poco a poco entre los dos pueblos, los aldalântar y los nurulântar, mientras ellos separaban sus costumbres y sus tradiciones.
Es cierto que las chicas nuru le producían una considerable atracción a Tathâral ya que se sentía cautivado por lo prohibido. Las jóvenes alda no le satisfacían y él andaba en una edad en la que todo suponía un gran reto, una meta inalcanzable por lograr. Así fue como, al conocer a Hisiê aquel día en el mercado, se sintió terriblemente atraído por ella. Le hechizó sobre todo la dulzura que ella escondía intensamente en un cuerpo férreo e impenetrable y, durante un tiempo, disfrutó intentando hacer sentirla vulnerable ante él. Aunque esto le costaba, pues ella era implacable y poseía una gran fortaleza. No obstante ambos acabaron dejándose llevar por la pasión. Sí, aunque era un juego, hubo un momento en que Tath se vio enamorado. Sin embargo, nunca dejó que ese sentimiento lo consumiera. Tenía una reputación que mantener y una relación con una nuru sería terriblemente condenada entre los aldalântar. Y su padre lo terminó de convencer cuando supo la secreta relación, pues Hisiê era hija de Minalcar. Influenciado por su padre, Tathâral no quiso saber nada más de ella, repudiándola de la peor manera.
No supo que ella había quedado encinta de él y que, el dolor por la pérdida del bebé tras el disgusto ocasionado por su abandono, se transformó en odio y deseó de venganza. Su cara asumió una mueca irónica cuando Hisiê, tiempo después, lo acusaba de violación en la asamblea. Un gran revuelo se levantó entonces, algunos gritos y algunos insultos; y, en esa vorágine de sentimientos desencontrados, Tath se encontró con la mirada de ella, severa, que la elfa rápidamente desvió.
El nurulânta Nûril intentó controlar a la asamblea y habló al hijo de Tuinêral:
- Tathâral, hijo de Tuinêral, has sido acusado ante nosotros de delitos de gravedad, de los que ya has sido informado. ¿Algo que decir al respecto?
Tathâral alzó la mirada con gesto orgulloso, lo cual en aquella situación no le brindaba el favor de los presentes.
- Soy inocente - dijo al fin, y el murmullo de cientos de voces, en acuerdo y en desacuerdo, fue el eco de sus palabras.
Elesinyê, también hija de Minalcar, que sabía del dolor ocasionado a su hermana Hisiê, se levantó entonces para terminar de convencer a la asamblea de que Tathâral era culpable de lo que se le acusaba y que debía ser condenado. Se hizo un silencio profundo, y después un murmullo incontenible. Tuinêral se levantó y miró gravemente a su hijo.
-Padre, no le dejes defenderse- le pidió en un susurro Althira, la segunda hija del balta de los aldalântar.
Tuinêral miró a su hija, y esbozó una ligera sonrisa, la primera en muchos días. Y antes de que Nûril indicase que era el turno del acusado, el aldalântar se levantó y caminó hacia el estrado.
- Yo defenderé el honor de mi hijo - anunció con solemnidad mientras el murmullo de la multitud allí congregada aumentaba por momentos.
Tathâral fue a sentarse junto a su hermana. No habían tenido la oportunidad de hablar y aquel no era el momento ni el lugar mas indicado para hacerlo, pero la elfa necesitaba comprobar que todo aquello que se estaba diciendo era mentira. Y cuando su padre comenzó a rebatir las duras palabra de Elesinyë, Althira aprovechó el momento para preguntar a su hermano.
-Tath- comenzó en un tono tan bajo que sólo él lo percibió-. Necesito saber la verdad.
-¿Qué verdad? ¿La que ellos quieren oír?
-La tuya, la única que a mí me sirve- hizo una leve pausa-. ¿No has hecho eso que dicen, cierto Tath?
El elfo suspiró.
– No, esa no es culpa mía, pero ahora pocos creerán mi inocencia…Thira, yo la quise, al principio. Y nunca la hubiera obligado a hacer algo que ella no quisiese. Pero no había lugar para una relación entre una nurulânta y una aldalânta y ella no lo ha querido entender.
Un silencio incómodo se hizo entre ellos, y Althira aprovechó para observar a su hermano. Tras aquella apariencia orgullosa y desafiante había un gran sufrimiento. Le tomó de la mano y le miró a los ojos.
- De lo único que se te puede acusar es haber amado a esa elfa.
-…fue Hisië la que se encaprichó de mi hijo Tathâral y por lo tanto, la única culpable de lo sucedido - terminó Tuinêral.
Los asistentes de las gradas comenzaron a gritar enfurecidos. Althira se llevó las manos al rostro.
-Pase lo que pase, Tath, siempre estaré a tu lado - susurró.
Sin embargo, Tuinêral, con el apoyo de la gran mayoría de los sacerdotes aldalântar, logró que su hijo no fuera condenado en el juicio, pero aquello no hizo sino levantar más llagas en una piel irritada.
Largos fueron los días en los que se sucedieron atropellos por las calles, revueltas, incendios; y, poco a poco, el clima inestable y las viejas rencillas desembocaron en una guerra en la primavera del 1412 SE. Nadie la esperaba pero así sucedió, la sangre entre elfos se vertió y muchos perecieron. Las noches se convirtieron en inciertas inciertas, y el amanecer llegaba siempre teñido de sangre. El otoño de los nurualda había llegado, al fin.
La barbarie azotó a las dos familias regentes de ambos clanes. La casa de Tuinêral fue atacada por un grupo nurulânta. Y Tuinêral, su esposa Tawarê y su hijo menor, Lossîndo, murieron allí, abrasados. Sólo Tathâral y Althira consiguieron escapar del incendio. Y también cayó Minalcar en la guerra su cuerpo fue atravesado por flechas aldalântar. Pero había conseguido vencer en la guerra.
La guerra, la cruel expresión del odio, había traído nefastas consecuencias para los nurualda y fueron dos clanes para siempre, y la culpabilidad por haberse manchado las manos de sangre y también el rencor por las multiples pérdidas serían hierro rojo en sus corazones.
[Editado por aratir el 01-02-2010 09:58] |
Escrito por aratir el 2009-05-20 19:21:03
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| III. De la migración hacia el norte y la fundación de Neitillot
“1La barbarie ha consumido nuestras vidas y nos ha dominado provocando la cruenta guerra. 2La sangre se ha vertido y muchos han perecido. 3Conducidos por Marphaj, han viajado al Bosque Eterno, donde les espera la Otra Vida. 4Después para los aldalântar que permanecemos en Esta Vida, nos ha sobrevenido la huida, 5La amarga y penosa migración que nos ha llevado hacia el noroeste, 6Alejándonos de nuestras tierras ancestrales y nuestros amados bosques. 7Hemos caminado a través de extensas florestas mientras nuestros corazones han llorado con multitud de cantos y salmos. “
[Segunda Migración (Atatetsa) versículos 1-7]
Con la muerte del balta de los aldalântar atrapado junto a su esposa y su hijo menor, Lossîndo, en el incendio de su hogar, se mostró a los aldalântar una cruda realidad, los nurulântar se habían impuesto en la guerra y ya no había camino para una posible reconciliación. La Sacra Arboleda había sido calcinada y sus hogares ya no eran propios. Tomaron entonces una dura decisión pues se decía que el Sembrador les tenía reservada una tierra prometida en el norte del Aldalaurë
Emmârdin, uno de los más importantes sacerdotes alda, hijo de Nomenin, lideró entonces la huida, la amarga y penosa migración que llevó a los supervivientes alda hacia el noroeste, alejándose de sus tierras ancestrales y sus amados bosques. Caminaron a través de extensas florestas mientras sus corazones lloraban con multitud de cantos y salmos. Tathâral llevó apretada fuertemente la mano de su hermana mientras intentaba aplacarle el dolor. Habían perdido a sus padres, a su hermano pequeño y al resto de su familia y sólo se tenían ellos dos. Fue en esos días y sólo en esos días cuando el joven elfo sintió la humildad aflorar en su corazón, le importó más el dolor de su hermana que el haber perdido todo atisbo de honra y fama.
Llegaron a una fresca extensión de árboles, aún más fresca y bella que los bosques que habían abandonado. Galador la llamaron, una templada tierra poblada en su mayor parte por masas de árboles y enmarcada en el corazón del gran bosque del norte de Rómenor, Aldalaure, y surcada de sur a norte por un rico valle fluvial en su curso desde las Montañas Blancas al sur hasta la costa norte de Rómenor. Kelornî llamaron al río, “río entre árboles”, y entre los árboles de la rivera se instalaron por primera vez.
Remontando el río aguas arriba aparecieron las Cataratas y los aldalântar quedaron hechizados por la esplendorosa belleza de sus aguas cayendo musicalmente. Refrescante fue el primer baño a medida que el agua, límpida y cristalina, empapaba sus sucios cuerpos y los iba limpiando y purificando. Decidieron entonces instalarse en aquel lugar pues, según dijo Emmârdin, las Cataratas estaban poseídas por el espíritu del Sembrador que les había asistido en aquel baño en su ayuda y su purificación. Nensir sería llamado desde entonces y Nensir serían llamadas las cataratas, un salto de agua del río Kelornî con aproximadamente 130 metros de alto. En aquellos días olvidaron todos los pesares, embelesados como estaban a causa del hechizante espectáculo producido por el juego de luces y reflejos del agua al caer con fuerza en un lago, que a su vez fue conocido como Naltâ, una extensa balsa de agua salpicada de islotes.
En el lago naltâ, sobre los islotes más grandes y más cercanos a la orilla, construyeron su hogar. Con las vistas de las cataratas Nensir al frente, fundaron la hermosa y hechizante Neititollî’Nensirinen, cuyo nombre significaba “las islas rociadas por Nensir”, que más conocerían como Neitillot. La ciudad se convirtió pronto en un complejo laberíntico formado por un gran islote y varias isletas unidas con puentes y diques conformando una gran ciudadela construida sobre el agua y comunicada a su vez mediante un gran puente y, al mismo tiempo, avenida, con tierra firme. Todo un conjunto de viviendas de piedra, empalizadas, graneros, almacenes, tabernas y, sobre la isla mayor, un hermoso palacio residencia de Emmârdin, que fue nombrado nuevo Balta de los aldalântar.
Un poco más al norte construyeron un camino empedrado con piedras de tonalidades verdosos, llamado el Ainatiê, y que conduce a una arboleda, en realidad una porción del Aldalaure, que es el bosque sagrado de los aldalântar y que es conocido como Taurnensirô. En el núcleo de esta arboleda construyeron un templo sagrado.
Siguiendo la rivera del Kelornî hacia su desembocadura construyeron otro camino, el Keltiê, o Camino del Río, que llegaba a un afluente del mismo, el Kelontarê, el río de la madre, que nacía de un macizo llamado Orontarê. Por sus nombres, se deduce que aquel lugar está consagrado a la segunda divinidad en importancia de los Nensir Airatâri, Yenna, también conocida como la madre-tierra, madre de Nensir para los aldalântar. De hecho, bajo las faldas de las Orontarê, mandó Emmardîn, primer balta en Galador, a construirle un templo a la diosa, el Templo de Yenna.
Durante mucho tiempo estuvieron construyendo sus hogares en aquel lugar de gran belleza, lleno de árboles y agua, mientras veneraban a las cataratas honrándolas y agradeciendo a Nensir que les quitara todo lo mal que la guerra había sembrado en sus corazones.
[Editado por aratir el 01-02-2010 10:03] |
Escrito por aratir el 2009-05-20 19:49:33
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| “1Hemos llegado... 2No hay realmente palabras para la visión que tenemos delante, la esplendorosa belleza de las aguas de las cataratas cayendo musicalmente. 3Refrescante ha sido el primer baño a medida que el agua, límpida y cristalina, ha empapado nuestros ensuciados cuerpos y los ha ido limpiando y purificando. 4Puedo decir sólo que se ha dicho que nos pertenece, o mejor dicho, que nosotros pertenecemos a ello. 5No es lo que vemos sólo un magnifico salto de agua, ni sólo monte, ni sólo arboleda, ni sólo macizos y praderas plenas de ‘camaradas andantes’, vemos... 6el lugar del que parecemos haber venido desde siempre y no el lugar al que hemos arribado, hemos llegado a nuestro punto de partida, a lo que sí, de entre todas las cosas del universo, podemos llamar hogar. 7La sensación de los que seguimos a Emmârdin es de la de haber vuelto después de un largo peregrinar. 8Aquí nos instalaremos, pues aquí mora Nensir, el purificador, nuestro guía. 9Y en esta tierra reconstruiremos nuestra sociedad y nos llamaremos a partir de ahora los Nensir Airatâri. 10Aquí comienza el futuro, nuestro futuro, y ya no concluirá. 11«A esa tarea nos encomendaremos. De eso nos encargaremos. Por eso velaremos.» 12Ya no concluirá.”
[Sagrada Purificación (Ainaphala) versículos 1-12]
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1414 SE Ermmârdin empieza a escribir el Ayanparmâ, libro sagrado de los aldalântar.
1416 SE Se lleva a cabo el juicio de los infractores donde Tathâral Âryon es absuelto mientras que Sûra Erialheri es condenada quitándole a su hija.
1423 SE Empieza la construcción del puerto Laikwalonde
1428 SE Los primeros barcos aldalântar surcan el río Kelornî hacia la costa
1431 SE Son establecidas todas las especializaciones de la Ayangôlê de forma escrita: medicina, música, pintura, astronomía, lingüística, etc
1433 SE Empieza la construcción del gran cuartel de Dâkosto
1456 SE Tawarornê, un sacerdote, descubre la hierba uskêlassê, de extrañas propiedades.
1457 SE Ocurre el movimiento karusqueano, tras el cual surgen dos sacerdocios, el de los Khalnar y el de los Baladar. Primera reforma del Ayanparmâ.
1458 SE Sobre el primer templo, Althira, hija del difunto Tuinêral, diseña los dos nuevos templos, las Attayânarû.
1463 SE Se definen los límites de los territorios dominados por los alda. Empiezan los primeros contactos comerciales con el exterior, principalmente con Eglamar.
1513 SE Brandâ sustituye a Emmârdin como Balta.
1520 SE Grandes invasiones de orcos en las tierras de Galador
1521 SE Los dâkar y los Ainadâkar se amotinan. Los Ainadâkar y los Ainakelvari consiguen más autonomía y se reglamentan sus ritos propios.
1523 SE Se crea un nuevo sistema monetario y se construye una Casa de Monedas.
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[Editado por aratir el 01-02-2010 10:06] |
Escrito por aratir el 2009-05-29 19:46:19
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| IV. De los eglamari y Ramjakhîn
El problema entre los eglamari y los elfos aldalântar había tenido en su origen un conflicto de mercados. Los corsarios de Eglamar habían empezado a comercializar con varios pescadores del kelornî y, por medio de éstos, habían conseguido introducir sus productos en los mercados de Neitillot...Los rumores sobre aquellos productos exóticos se extendieron por la ciudad y muchos debatían sobre la procedencia de los mismos y de la ubicación de la ciudad de sus comerciantes...El nombre de Eglamar pronto fue conocido y muchos supieron que eran humanos que surcaban los mares y comerciaban con otras ciudades portuarias de la costa norte...Hubo tranquilidad al principio y se decidió admitir aquellos productos. Durante años el libre intercambio de productos estuvo beneficiando a ambos, además de que Eglamar mantenía acciones comerciales (a su manera) con las otras ciudades portuarias del norte de Rómenor. El caso es que, de una forma y otra, los productos de Galador llegaban a otros lugares y nuevos productos enriquecían los mercados de la capital aldalânta.
Una disputa ocurrió entonces, a causa de un carro de mercancía aldalânta que se dirigía hacia el octavo puente, en la Etyulusse, donde tenían lugar los intercambios comerciales entre los elfos y los corsarios eglamari. El comerciante aldalânta pidió más dinero de lo acordado pues decía que el producto era de muy excelente calidad, había sido un buen año y las propiedades de aquella mercancía eran óptimas. El eglamari se negó a pagar más de lo acordado y una discusión surgió, envuelta por la brisa del mar que llegaba desde el norte. Enfurecido, el intermediario de Eglamar volcó el carro y varios sacos de hierbas aromáticas acabaron en el barro. Esto provocó que el enfrentamiento llegara a las manos. Brilló un cuchillo en la sombra y el comerciante aldalânta cayó al suelo, ensangrentado. Aquella fue la primera vez que se vertió sangre en el Etyulusse.
Después, muchas voces estallaron en la lindornê (asamblea aldalânta). Era un escándalo lo que había sucedido más allá de las fronteras de Galador. Se había tomado prisionero al intermediario de Eglamar, acusado de asesinato, pero se le ofreció un juicio con el objetivo de obtener de él las respuestas que sobre Eglamar se deseaba conocer. El hombre se negó a hablar, orgulloso como era, y los ánimos se encendieron entre los elfos. Las voces se exaltaron cuando el emisario escupió en el suelo sagrado y gritó:
- ¡Que la sangre de ese bastardo elfo sirva para honrar al Dios de la Muerte! - Aquella frase bastó.
Escuchar la palabra muerte en una asamblea aldalânta fue...sería indescriptible expresar en palabras lo que produjo...una oleada de convulsiones. Desde que el equilibrio entre el concepto de vida y el concepto de muerte se rompió en el antiguo pueblo de los nurualda, desde que los aldalântar creyeron en la vida y los nurulântar creyeron en la muerte y hubo guerra entre ellos por ello, desde que los aldalântar tuvieron que abandonar su antiguo hogar y hallar refugio en los templados bosques de Galador, la palabra muerte era una palabra maldita entre los elfos veneradores de Nensir. Por ello, se remordieron las entrañas de los assanar y de todos los ainâr que habían acudido al juicio, la palabra penetró en los estómagos y abrasó las paredes digestivas para luego taladrar las cabezas provocando que una furia se despertara mientras heridas cicatrizadas de un pasado olvidado se volvieron a abrir y sangraron.
En el octavo puente, aquel intermediario fue ajusticiado en pago al asesinato que había cometido.
- ¡Miserables marineros! ¡Tened aquí el cuerpo de vuestro miserable amigo! ¡Ofreced si queréis su cuerpo a vuestro dios maldito!- gritó con rabia Tekêral, uno de los maestros de la guerra de Galador.
Tekêral, ofuscado y encendido en coraje, no había tomado las precauciones necesarias. No se había guarecido por una buena defensa de sus elfos y de él mismo. Los corsarios atacaron de improvisto rebanando las cabezas de los aldalântar y Tekêral cayó. Fue la primera batalla de todas las que habría de suceder en aquel lugar, durante décadas.
Desde entonces, en todas las batallas contra Eglamar, Tathâral siempre deseó encontrarse cara a cara con Ramjakhîn, y más aún en la última batalla que tuvieron con los corsarios. Aquella vez fue cuando se vieron por primera.
[Editado por aratir el 01-02-2010 10:01] |
Escrito por aratir el 2009-06-03 18:22:33
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| ucedió que, durante el año 1591 de la Segundad Edad, tuvo lugar la dâk'naninnit (batalla entre aguas), la última de las habidas entre Eglamar y Galador. En la desembocadura del río kelornî, cientos de estándartes avanzaron desde la costa en manos de los corsarios de la ciudad secreta mientras que, desde el otro lado, los elfos ondeaban otro tipo de estándartes con motivos arbóreos.
Embistieron ambos ejércitos y, aunque las huestes de Eglamar eran más numerosas, no consiguieron imponerse a los ejércitos aldalântar.
Los elfos y los hombres cayeron y el campo de batalla acabó llenándose nuevamente de sangre que, diluida con el agua del Etyulussê, empezó a ofrecer un espectáculo dantesco. Ya no había delta sino ríos de sangre salpicando entre el barro.
Cayó el frente de las tropas de Eglamar pero también lo hizo las primeras filas del ejército de Galador.
-¡La infantería ha caído! – gritó Tathâral a uno de sus soldados.
El elfo miró a su alrededor y maldijo insolentes palabras esperando que llegasen a Ramjakhîn.
"Algún día nos veremos las caras, miserable".
Bajo la débil luz del atardecer contempló a qué había quedado reducido su compañía. Numerosas eran las pérdidas de ambos ejércitos y la victoria se le escapaba a ambos ejércitos pues ningún frente parecía ceder ante aquella batalla, la que muchos reconocían como la decisiva.
El aldalânta sintió el frio viento golpear su espalda, mojada como estaba por la sangre que manaba de la herida de un hombro y que, a su vez, tapaba el gran tatuaje que tenía en el homoplato derecho.
Entonces se acercó un corsario de Eglamar. Se retiró el casco metálico adornado con formas extrañas e hizo una reverencia. Poseía una barba negra muy poblada y un pelo negro enmarañado. Llevaba al cinto una espada y un hacha, de gran brillantez. La situación era crítica para ambos bandos ya que las bajas habían sido numerosas. Por ello, se acordó dejar la batalla en tablas y las tropas de ambos bandos se dispusieron a retirarse.
Mientras los corsarios de Eglamar se iban hacía sus barcos que les esperaban impacientes en la costa, los elfos recogían los numerosos muertos esparcidos por dóquier.
"¡Ai Nensir! ¿Bêrent Râ!" "¡Ai Nensir! ¿Bêrent Râ?" (Oh, Nensir, ¿por qué?)
Los lamentos se escuchaban por toda aquella tierra pantanosa, salpicada por el agua de los arroyos, mientras el viento azotaba los olmos, que lloraban también por los soldados caídos.
"¡Thorâr are danenollêsâ! ¡Nâyani aret danenollêsâ!" (Detestables son en la ciudad secreta, Malditos sean en la ciudad secreta)
Una sombra sorprendió a Tathâral por la espalda en la oscuridad de la noche que se acercaba. El elfo intentó oponer resistencia pero varios brazos robustos le neutralizaron sus miembros. Un golpe en la cabeza le hizo perder la consciencia.
[Editado por aratir el 08-01-2010 19:03] |
Escrito por aratir el 2009-06-04 21:40:39
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| espertó en un calabozo frío de paredes toscas y desnudas y con la única presencia de la oscuridad. Durante un día completo esperó con rabia por la derrota y por haber sido tomado preso. ¡Maldito Eglamar! Tathâral se hallaba herido, tenía un corte no muy profundo en el hombro y varios rasguños en la cara. Pero el dolor de su orgullo derrotado era más fuerte.
La celda se abrió al siguiente día, supuestamente el sol había aparecido pero, en la oscura celda, nada que no fueran sombras podían llegar. Por eso, cuando abrieron la puerta de hierro del calabozo, Tathâral se sintió cegado por la luz que llegaba del exterior y, por acto reflejo, se tapó los ojos con el brazo derecho. Al otro lado de la puerta había un hombre de facciones rudas y constitución robusta el cual traía unas prendas con él. Miró de arriba abajo a Tath el cual tenía los pantalones raídos por el combate y la coraza y los brazaletes cubiertos de sangre reseca.
- Aquí te traigo ropas limpias. Tendrás una audiencia con el Gran Pirata a mediodía y quiere que estés presentable - dijo mientras le ofrecía las ropas limpias que traía.- Podrás lavarte en una fuente situada en el primer nivel de esta torre.
Siguió al carcelero por unas escaleras de piedra que conducían desde el nivel subterráneo de los calabozos hacia el primer nivel. En una sala, también de piedra, había un banco y una fuente en el fondo de la misma. Cuando el hombre robusto lo dejó sólo, miró alrededor y lo primero que hizo fue dirigirse a la fuente y beber del agua fresca que salía de la misma. Luego se quitó la ropa y se aseó pues a un elfo aldalânta acostumbrado al agua, un día sin sentir el fluido tocar su cuerpo le suponía una inquietante incomodidad. Después se puso la ropa limpia que consitía en una túnica ceñida y unas sandalias cortas pero cómodas. Se sintió recuperado y preparado para enfrentarse a Ramjakhîn, el famoso Gran Pirata.
La reunión tuvo lugar en una torre alta, al que le llevaron con los ojos tapados. Le resultó curioso lo celosos que eran aquellos humanos con su ciudad manteniéndola oculta a cualquier extraño. Nadie sabía nada de la ubicación de la misma, única que se hallaba situada al sur de la desembocadura del Kelornî, pero Tath había podido saber que se ocultaba en el valle de una cordillera en forma de círculo no muy lejos del delta del río.
Cuando le destaparon los ojos se hallaba delante del Gran Pirata. Al principio se rió, pensaba que le tomaban el pelo. Estaba delante de una extraña figura que parecía ser un niño. Pero entonces vio en su mirada algo que le turbó…Era idéntica a la de su difunto hermano Lossîndo.
Ramjakhîn y Tathâral hablaron largo y tendido. Estaban de acuerdo en que aquella Guerra había traído pérdidas tanto económicas como militares. Si ambos pueblos hubieran sufrido el ataque de algún enemigo imprevisto, habrían caído como moscas. Por ello, propusieron un acuerdo de paz. Aunque sabían que el Aratûre, el consejo aldalânta, pondría muchos impedimentos para ese tratado.
Los encuentros diplomáticos que se sucedieron en los años siguientes al fin de la Dâk Naninnit entre Tathâral y Ramjakhîn fueron dando sus frutos pues había una razón intrínseca que actuaba para ello. Primero fueron encuentros secretos ya que el elfo había tenido el privilegio de ser el primer aldalânta que visitaba Eglamar aunque fuera con los ojos tapados para no reconocer el terreno. Las reuniones en la Torre Marengo fueron prolongadas hasta que finalmente llegaron a acuerdos que beneficiaban a ambas partes. |
Escrito por aratir el 2009-06-09 21:10:41
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[Editado por aratir el 08-01-2010 18:59] |
Escrito por aratir el 2009-06-09 21:39:22
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- Solo el autor o autores de la historia pueden escribir en ella -
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